martes, 16 de octubre de 2012

Emprendedor nato.

Rompiendo todas las reglas de oro sobre cómo escribir un post, me atrevo a iniciar éste diciendo que no debes esperar algo muy profundo. Se trata más bien de una reflexión, con un toque de humor, que me vino el otro día a la cabeza mientras volvía del trabajo.

He trabajado en multinacionales, en empresas medianas/grandes, en startups y para mí mismo. De todas estas experiencias, me quedo, sin dudarlo ni un segundo, con la startup. Luchar desde cero por una idea, hacer DE TODO dentro del departamento de marketing, desde tomar decisiones estratégicas, hasta redactar un tweet; presentar el proyecto en eventos nacionales e internacionales; presentar la idea, en 5 minutos, ante cientos de inversores potenciales...Eso y más es una startup y lo echo de menos "big time".

Por esa razón, y pese a estar hoy por hoy, trabajando como responsable de marketing para otra empresa, estoy dedicando el poco tiempo libre que me queda a construir mi propia startup. Las dos experiencias previas en startups las realicé en calidad de empleado. Aprendí mucho. Muchísimo, diría yo. Considero que ese bagaje me vendrá bien para dirigir mi propia startup; para no cometer los errores que otros cometieron y para tratar de lograr los aciertos y éxitos que otros obtuvieron.

Por todo lo mencionado anteriormente, se supone que soy un emprendedor. No sé si tengo el espíritu emprendedor suficiente. Yo me veo a mí mismo como "un tío con una idea y con conocimientos suficientes como para llevarla a cabo y que funcione". Lo que sí sé es que esa palabra, la de emprendedor, fue la que dio origen a esta pequeña broma que se me ocurrió en el coche para tratar de identificar cuán emprendedor es alguien. Hablando de emprendedores, esta anécdota me recuerda a la sección "historias (casi) reales" de la revista Emprendedores.

Se encuentran dos amigos, hombre y mujer, tras mucho tiempo sin verse. Ambos están en los treinta y pocos. Ella, al ver la poblada y blanca barba de su amigo le pregunta:

- ¿Cuándo piensas afeitarte?
- En cuanto consiga un inversor para mi startup o cuando la mujer que yo considero más guapa del mundo quiera tener una relación íntima conmigo.
- ¿Y quién es la mujer más guapa del mundo para ti?
- Tú.
- ¿Yo? Pues ves preparando la espuma de afeitar y la cuchilla...
- ¿En serio? ¿Vas a invertir en mi startup?

Esta era la pequeña reflexión mostrada en forma de gag. Un inversor: la obsesión número uno de cualquier emprendedor que se precie. Este amigo de la historia casi real es un emprendedor nato. Yo, casi con toda certeza, no habría interpretado que quería invertir en mi startup esta amiga.

¿Qué clase de emprendedor eres tú?

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